Yo no tuve nada que ver con la muerte de Jesucristo
Desde mi infancia, cuando era obligado asistir a los Santos Oficios por ser hijo del maestro, me machacaron los curas con la culpabilidad heredada, desde Caín y Abel. La chusma clerical siempre nos adjudicaba lo peor, pero nunca una participación en los privilegios que defendían para unos pocos. Nos declaraban culpables también a los niños del via crucis que vivió Jesús el Nazareno, de la lanza que le atravesó el costado, etc. etc. La chusma clerical quemó en la hoguera a sanadores, científicos, librepensadores, apoyó golpes militares… de hecho el ejército sigue muy presente en las procesiones. Por más que se haya democratizado y sirva al orden constitucional no deja de evocar al poder de las armas como custodio de ideas religiosas que de esta mamera ven reforzado su carácter belicoso supremacista. El cura de Xestoso, con gran valentía dada su posición, alerta de la presencia militar en representaciones de la fe cristiana. No creo que ese fuera el mensaje de Jesús el Nazareno, que, de todas maneras, no existió en la forma que quiere transmitirnos interesadamente la Iglesia.
Vuelvo a decir que yo no tuve nada que ver con la muerte de Cristo y repito que no me siento culpable de lo que puedan haber hecho otros. ¿O acaso consideramos culpable al Papa de la pederastia y violaciones llevadas a cabo por miles de curas en todo el mundo? Aunque bueno, con matices: los estatutos de la Iglesia católica impidiendo el matrimonio de los curas, o su desarrollo en la sexualidad de cualquier orientación, afirman los psicólogos que favorece salidas poco ortodoxas para el desahogo de los que, a la postre, son también seres humanos con sus pulsiones. La carne es blanda y los niños y niñas de doce años van provocando a los curas en los ejercicios espirituales y en la intimidad de las sacristías, pidiendo guerra. (entiéndase la ironía) Mientras tanto, esos delincuentes siguen sin someterse a los juzgados civiles de lo penal. ¡Que procesiones ellos para pedir perdón -qué palabra tan socorrida para la cristiandad– y a mí que me dejen tranquilo, que no participé en la tortura y asesinato de Cristo ni comí la única manzana prohibida del jardín de las delicias que un Dios vengativo colocó estratégicamente para cobrarse la factura indefinidamente apoyado en una jerarquía que sigue sacando buenos réditos de ello.
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