La política exterior de los EE.UU, semilla de maldad
Los precursores de la creación de la Unión de Estados pasaron por un período de aprendizaje y normalización de prácticas invasoras muy largo y bien aprovechado. Con la siempre compañía de un ejército fortificado y armado con pólvora, los europeos, sobre todo irlandeses y británicos, que escapaban del hambre en su tierra fueron desalojando a los indios de sus propiedades para establecerse como “pacíficos colonos” temerosos de Dios, puritanos hasta taparle las patas incluso a los pianos y militantes de una concepción de socialización endogámica que excluía la mezcla con salvajes de otra raza, con otra creencia religiosa.
Así avanzaron los EE.UU. hacia su consolidación como una nación fortificada frente a las amenazas externas. Una vez asegurada la paz interior el quid del crecimiento hasta convertirse en el nuevo imperio descansaba en la estrategia de hacer la guerra de dominación siempre lejos de su territorio.
Los ciudadanos norteamericanos contribuían generosamente a un desarrollo extraordinario de la industria armamentística para gozar, a cambio, de una situación de bienestar y seguridad domésticas absolutas. A escala de país, el expolio de las riquezas ajenas ha supuesto un retorno económico que amortigua una deuda exterior de otro modo insostenible.
El estilo de vida del país incorpora la necesidad de construir guerras y conquistar reservas energéticas sin solución de continuidad y para ello ponen a disposición su sobredimensionado servicio de inteligencia, sobre todo a partir de la guerra fría, con la creación de la CIA en 1947, que se ocupa de encontrar el pretexto apropiado a cada situación geoestratégica en el tiempo para extraer la ventaja que alimenta su crecimiento como imperio del mal:
Año 1898: CUBA Una explosión del pañol hunde al acorazado Maine. Los EE.UU. culpan a un torpedo español y declaran la guerra a nuestro país. Washington dinamita los restos del buque en alta mar, todavía con cadáveres dentro, en 1911 para sepultar las verdaderas causas del hundimiento, ya extraídas, sin embargo, con inspecciones dificultadas por la US Navy.
Los EE.UU., que habían multiplicado por tres su fuerza naval en la última década, ocuparon militarmente la isla y aunque Cuba proclamó su independencia en 1902 su dependencia de los norteamericanos fue total hasta la Revolución de 1959: en el plano económico, en el político, en el plan de inversiones, en el militar, el control de los recursos azucareros…
A partir de 1899, con el final de la guerra Hispano-Estadounidense se inicia una serie de intervenciones militares con apoyo del cuerpo de Marines conocidas como las guerras bananeras. Una vez transferido a EE.UU. el control de Puerto Rico, Cuba, Guam y Filipinas, los norteamericanos actúan en Cuba, Panamá, Honduras, Nicaragua, Haití, República Dominicana, con la imposición de políticos cómplices de sus intrigas en la región.
1950 a 1953. Guerra de Corea. Apoyo a Corea del Sur para impedir la unificación con el Norte bajo el signo comunista. En este caso había un mandato de la ONU. Tres millones de muertos.
1953 IRÁN El apetito de EE.UU. por el petróleo ajeno los lleva a derrocar, con la ayuda del M16 inglés, al primer ministro iraní por su decisión de nacionalizar el oro negro. En su lugar imponen al Sha y recuperan sus posiciones estratégicas en la región.
1954 GUATEMALA. Para defender los intereses de la United Fruit Company y su acción devastadora sobre el bosque tropical, EE.UU. apoya la acción paramilitar de derrocar al presidente electo, Jacobo Árbenz, que había osado iniciar una reforma agraria.
1955-1975 Guerra de Vietnam para frenar el Comunismo. La mayoría de los soldados, ciudadanos de clase baja y afroamericanos. Mientras, en el suelo patrio, la sociedad más pudiente vivía en la plétora.
1961 Otra vez Cuba. Los EE.UU. apoyan a una fuerza paramilitar en la invasión de la bahía de Cochinos con el fin de sacar del poder a Fidel Castro y recuperar el control de la isla.
1973 Chile. Apoyo y financiación del ataque al palacio de la Moneda, en Chile, que eliminaría al presidente Allende para poner en su lugar al dictador Pinochet.
Años 80 Afganistán. Apoyo financiero y de suministros al ejército de los Muyahidines en Afganistán, para hostigar al Gobierno Comunista pro-ruso. Con el paso del tiempo, aquellos guerrilleros se hicieron fuertes bajo la yihad y se convirtieron en el enemigo incontrolable de los EE.UU.
1983 Granada. Invasión de la isla caribeña con el pretexto de impedir que Cuba y la Unión Soviética ampliaran su capacidad de poder utilizar el país como base militar. Con la oposición de Naciones Unidas, asesinan a civiles granadinos y cubanos, en su mayor parte técnicos civiles, y hacen un buen número de prisioneros entre los cubanos destinados en la isla en operaciones de ingeniería civil.
2003 IRAQ. Otra vez Iraq, ya atacado en 1990 por haber invadido Kuwait. Pero en 2003 los EE.UU. le declaran la guerra y lo atacan en sus bases y también sus ciudades contra el mandato de la ONU, cuyos supervisores habían informado de que el ejército de Sadam no disponía de armas de destrucción masiva. Matan a decenas de miles de soldados enterrándolos con bulldozers en el desierto. Abocan al país a una guerra civil que deja al país destrozado y tribal, con un exacerbamiento del fundamentalismo islámico
GAZA. Actualmente EE.UU. viene apoyando a Israel en el genocidio contra el pueblo palestino, en el ataque y destrucción periódica, sistemática, del LÍBANO, y en el bombardeo sobre Irán, para destruir un arsenal nuclear ficticio.
Reacción Internacional. En un principio sólo Pedro Sánchez condenó el ataque a Irán en el seno de la OTAN y la UNION EUROPEA. Con el paso de los días se van sumando otros países a la denuncia de que los EE.UU. desoyen las leyes del derecho internacional. Pero Trump se agarra al lenguaje bravucón de la amenaza a España por no permitir el uso de las bases a los bombarderos americanos. El precedente contrario, con otras connotaciones, hay que buscarlo en 1957, cuando los EE.UU. negaron a España la posibilidad de utilizar los 200 F-86 en la guerra con Marruecos por la propiedad de Sidi-iFNI, que el famélico país franquista venía de comprarle a Eisenhower. EE.UU. tenía en Marruecos a un potente socio geoestratégico y no quería posicionarse en su contra.
Pero volviendo a esta reflexión sobre el egocentrismo de los EE.UU., el Trumpismo quiere hacer “America Great again” y parece que sus métodos de siempre tienen vigencia para ellos en estos nuevos tiempos. Sin embargo, parece a todas luces una huida ciega hacia delante, un intento desesperado por acopiar un dominio territorial que frene la imparable ascensión de China, que ha venido haciendo bien y calladamente su trabajo estas últimas décadas. Es tarde para mantener el Status de Imperio dominante en el planeta que ya está pasando a representar China y, subsidiariamente, la India. Los datos macroeconómicos, la situación de los niveles de deuda, el modelo energético, la compra de tierras, la gestión de recursos, el avance tecnológico, todo indica que ese sorpasso se ha estado produciendo en estos años en que el Trumpismo se ha enredado en la negación del cambio climático y la expulsión de una mano de obra que necesita. Por más bombas que arroje su ejército, Trump tiene perdidas las elecciones porque se ha equivocado de objetivo. El único viable sería el de profundizar en el avance real hacia el estado de bienestar, con la universalización de la sanidad y la reducción de la jornada laboral como ideas fuerza. Pero esa no es su guerra. Por eso, su peor pesadilla; China, China, China… hasta 53 veces China en sus palabras de toma de posesión, se va a cumplir más pronto que tarde.
(Mi reconocimiento a los millones y millones de estadounidenses que son personas de bien, lo cual tiene mucho mérito en un país con corruptos en el Poder)

No hay comentarios:
Publicar un comentario